En un abrazo sonoro con su ciudad, Nicki Nicole hizo vibrar el Monumento a la Bandera en un espectáculo sinfónico inolvidable ante más de 250.000 personas. La artista rosarina protagonizó una noche histórica, entrelazando emociones, identidad y música en un encuentro que quedará grabado en la memoria colectiva de Rosario.
Fue una velada única. Por primera vez, Nicki presentó un concierto sinfónico que marcó un nuevo capítulo en su carrera y reafirmó su vínculo con la ciudad que la vio crecer. Compartió el escenario con dos figuras emblemáticas de la música argentina, Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale, en una atmósfera de celebración y emoción compartida.
La apertura del show fue con “Wapo traketero”, su tema icónico, reversionado en formato sinfónico. Desde el primer acorde, la combinación entre la orquesta y su voz potente generó un impacto inmediato. A lo largo de la noche, Nicki desplegó un repertorio cuidadosamente seleccionado, que incluyó clásicos como “Colocao”, “Sheite”, “Dispara” y una emotiva versión de “Otra noche”, de Los Ángeles Azules.
Uno de los momentos más intensos llegó con “Plegarias”, que adquirió una nueva profundidad con los arreglos orquestales, mientras que el cierre, con “Parte de mí”, dejó a la artista visiblemente emocionada. “Me encanta de donde soy y de donde vengo. Es un orgullo ser rosarina. Gracias por ser parte de mí”, expresó ante una multitud que la ovacionó.
El evento formó parte de las celebraciones por los 300 años de Rosario y contó con la participación de artistas locales como Delfina, Sofía Gazzaniga y Mery San Dámaso, quienes abrieron la noche con sus presentaciones.
Además, el concierto tuvo un fuerte carácter solidario: el público pudo realizar donaciones a la Fundación del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, en apoyo a una institución emblemática del cuidado infantil.
Con este espectáculo, Nicki Nicole no solo ofreció un show impecable, sino que también rindió homenaje a sus raíces, conectando la energía del presente con la historia y la cultura de su ciudad.
Una noche en la que Rosario sonó distinto, al compás de su voz y de su emoción.



