La Selección Argentina sacó a relucir esa mística y ese fuego sagrado que la caracterizan para meterse de manera heroica en los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, al derrotar por 3 a 2 a Egipto. En un partido no apto para cardíacos disputado en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, el combinado dirigido por Lionel Scaloni caía por dos goles a falta de diez minutos para el final, pero a base de puro temperamento, orgullo y amor propio revirtió un panorama que parecía sentenciado.
El encuentro, dirigido por el árbitro francés François Letexier, se presentó cuesta arriba desde la etapa inicial. El seleccionado africano se plantó con orden, aprovechó las imprecisiones nacionales y se fue al descanso ganando 1-0, con el aditivo anímico de haberle contenido un tiro penal a Lionel Messi.
El peor escenario y la templanza de los campeones
En el complemento, las dificultades futbolísticas se agudizaron. Mientras los caminos hacia el arco egipcio permanecían bloqueados, el conjunto rival lastimaba de contragolpe.
Primero, el VAR salvó a la Albiceleste al anular lo que era el segundo tanto por una posición adelantada en la gestación. Sin embargo, minutos después y por la misma vía, Egipto no perdonó y clavó el 2 a 0. Con el reloj corriendo y el campeón del mundo contra las cuerdas, el equipo tuvo que apelar a la hombría y al amor propio para no entregarse.
La mística del capitán y un cierre para el infarto
Cuando el margen de tiempo reglamentario se diluía y la eliminación parecía un hecho, emergió la jerarquía y el liderazgo de Lionel Messi para ponerse el equipo al hombro. Pegado a la banda derecha, el capitán frotó la lámpara en dos apariciones consecutivas:
- El descuento: Un centro quirúrgico de Messi encontró la cabeza de Cristian «Cuti» Romero, quien acortó distancias y encendió la ilusión.
- La igualdad: Minutos más tarde, el propio Messi frotó la lámpara con un golazo de su sello para estampar el transitorio 2 a 2 y desatar la locura en las tribunas.
Ya en tiempo de descuento, cuando el partido moría en el empate, la Selección fue a buscarlo con lo último que le quedaba. Una recuperación de Julián Álvarez en campo propio inició la réplica; la jugada parecía ensuciarse, pero Lautaro Martínez inventó un centro espectacular para la llegada en velocidad de Enzo Fernández, quien la empujó al fondo de la red para sellar el 3 a 2 definitivo.
Con este triunfo forjado a base de coraje y personalidad, la Argentina se metió entre los ocho mejores del planeta y ya espera en cuartos de final por el vencedor del cruce entre Colombia y Suiza.



